Dime que haces con tu carro de la compra y te diré como eres
Cierra los ojos. Visualízate en el parking de tu supermercado favorito.
¿Qué ves?
Coches bien aparcados, gente cogiendo carros para ir a comprar, gente descargando la compra en su maletero y, ahí en medio de todo, si, el clásico carro de la compra abandonado.
Un carro abandonado por alguien que ha decidido que está por encima del bien y del mal. Que lo de devolverlo no va con él. Que eso es de perdedores.
La tarea más fácil del mundo
Devolver un carro de la compra es una tarea ridículamente simple. No requiere talento. No requiere esfuerzo físico. Tan solo tienes que hacer el mismo recorrido que hiciste al llegar, pero a la inversa. Es lo mínimo que se espera de un ser humano funcional. A todos nos gusta llegar y encontrar los carros ordenados y listos para usar. Devolver el carro es lo correcto. Es pensar en los demás. Es un acto de puro civismo.
Sin embargo (y aquí está la clave), devolver el carro no es obligatorio. Nadie te va a multar ni te va a castigar por dejarlo tirado. Realmente, puedes dejar el carro donde te venga en gana. Es tu decisión personal. Eres tú y tu conciencia. Nadie te va a poner una pistola en la sien para que lo devuelvas.
La teoría del carrito de la compra
La Teoría del Carrito de la Compra establece que el carrito es la prueba de fuego definitiva para saber si alguien hará lo correcto simplemente porque es lo correcto, sin ser forzado por ley o bajo la amenaza de castigo.
Una persona incapaz de hacer este simple gesto por los demás no es mejor que un animal. Es una persona que no merece ser miembro de esta sociedad.
Por desgracia, nos toca convivir con esta gente. Y el problema es que no solo no devuelven el carrito, sino que también son los que:
- No recogen la caca de su perro en la acera.
- Abren la puerta de su coche a lo bruto y, si le da al tuyo, les da exactamente igual.
- Reservan mesa en un restaurante y luego no aparecen ni se dignan a cancelar.
- No recogen su bandeja en el restaurante de comida rápida y dejan ahí toda su basura.
- Dejan la bolsa de basura fuera de los contenedores porque le da pereza abrir la tapa.
- No ceden su asiento a una persona mayor en el metro.
- Escuchan música con el móvil en altavoz.
Así que, la próxima vez que veas a alguien abandonar un carro en el parking, no lo mires simplemente como a un vago. Míralo como un miembro defectuoso de la sociedad. Míralo como la prueba viviente de por qué necesitamos tantas leyes y prohibiciones.
Si no devuelves el carro, alguien lo tendrá que hacer por ti.
No seas un parásito. No hay excusa posible. Haz lo correcto.